El principal foco de atracción de visitantes a nuestras fiestas de San Mateo, y origen de las mismas, ha sido y es la feria de ganado, cuya fama añeja hace que, incluso hoy en día en que el mundo rural ha perdido gran parte del protagonismo de épocas pasadas, sean muchos los miles de personas que acuden con fidelidad cada 21 de septiembre a la ciudad de Reinosa.
Existe constancia documental de que ya en 1834 se mencionó la existencia de la afamada Feria de San Mateo, cuyo origen puede remontarse a finales del siglo XVII.
A pesar de la situación socioeconómica, la feria atraía a miles de personas que desbordaban los alojamientos turísticos e incluso se acogía a los visitantes en casas particulares. Debido a la magnitud del gentío que buscaba alojarse en la ciudad para la ocasión y la poca capacidad de alojamiento con la que ésta contaba, la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, adjudicataria de los ferrocarriles de la zona en los años treinta, ofertaba anuncios en la prensa: “el establecimiento de billetes especiales de ida y vuelta desde cualquier estación de la región montañesa y de la castellana para poder utilizar cualquier día de la semana de Fiestas”.
Ya en la segunda década del siglo XX, siguiendo la pauta general de la mayoría de pueblos, se exhibían carrozas en los días grandes de ferias por lo que no era extraño ver a los jóvenes preparando carrozas o engalanando carros, más parecidos a las carretas del Día de Campoo que a las actuales carrozas.
Los desfiles de carrozas comenzaron a popularizarse en las fiestas patronales de muchas localidades como la Batalla de Flores de Laredo, clara influencia en los comienzos del concurso de carrozas, otro motivo de concurso de carrozas era la visita a capitales de provincia de algún ministro, algún alto cargo militar, o del caudillo tras la Guerra Civil.
La primera aparición en la programación de fiestas que hace alguna referencia a las carrozas, la encontramos en 1931 en la que la prensa recoge la celebración el día 20 de una “grandiosa cabalgata, que encabezada por la Banda de música local y dulzaineros, recorrerá las calles Mayor y Canalejas hasta llegar a la estación, para recoger allí a la Banda del Regimiento de Valencia de Santander y realizar de nuevo el trayecto en sentido inverso, con un pasacalles de música acompañados de gigantes, cabezudos, cohetes y voladores”.
El primer concurso de carrozas en Reinosa se remonta a 1932 crónica que fue publicada en El Diario Montañés del cual se ha podido recatar la siguiente nota: “El martes, a las 9:30 de la noche, dieron principio nuestras fiestas, organizándose cabalgata, que acompañada de la banda, recorrió las principales calles de la población. De las diversas carrozas que se presentaron, a cual más vistosa y artística, fue concedido el primer premio a La Cocina, presentada por los Coros Campurrianos (pertenecientes a la Agrupación Artística Campurriana); el segundo premio a La República, de la peña Siempre Adelante, y el tercero a La Puesta la Aurora”.
La iniciativa para que este acontecimiento acabase siendo un desfile y concurso de carrozas, recuperando de alguna forma las modestas cabalgatas de años atrás, tuvo una protagonista y fecha documentadas; Emilia Saiz Hidalgo, 1942. Ganadora de la Pantortilla de oro en 1977 por una vida dedicada con pasión a Reinosa, labor por la cual se ganó el cariño y reconocimiento de todos sus vecinos.
En los años 20, promovía todo tipo de festivales, veladas musicales y representaciones teatrales, llegando a ser en la primera década del concurso la protagonista indiscutible.
Su familia dedicada a la ebanistería y carpintería, colaboró activamente en las carrozas y consiguió que el concurso alcanzara importancia y que la afición fuese calando rápidamente entre los reinosanos, consolidándose en la programación como un foco especial de atención.
Desde su inicio en los años 20 y 30 y, contrario a lo que históricamente se piensa, el desfile era únicamente nocturno, se celebraba la víspera de la festividad de San Mateo, si bien durante la jornada del 21 las carrozas se concentraban al mediodía o tarde en la Plaza de España para una revisión del jurado y la entrega de premios.
A partir de 1947, se establece oficialmente el desfile diurno en el mismo sentido del de la noche debido a la masiva afluencia de público de años anteriores. La gran acogida que las obras tuvieron para los propios artistas, vecinos y visitantes, hizo incluso que se planteara la necesidad de ampliar el recorrido del desfile.
La puntualidad de las carrozas siempre ha sido un aspecto muy importante, que conllevaba sanciones si no se llegaba a la hora acordada, por lo que a partir de los años 80, se concentran todas las carrozas en la zona de Pozo Pozmeo por la noche, preparadas para salir, desapareciendo entonces el secretismo de las composiciones de las carrozas.
La Federación de Peñas traslada al Consistorio la propuesta de celebrar los desfiles el anteúltimo fin de semana de septiembre. Lo hace en base a dos motivaciones: la justicia de que quienes han trabajado todo el verano por mantener una tradición puedan disfrutar al igual que cualquier ciudadano el fin de semana de fiestas, y para conseguir que la afluencia de público fuese masiva y que una mayor cantidad de personas pudiera admirar su trabajo y su arte. Finalmente en 2011 la propuesta fue aceptada por unanimidad.
Mucho han cambiado los tiempos desde aquel primer anuncio de fiestas de 1942. En los primeros pasos el acompañamiento y animación de los desfiles quedaba reducido prácticamente a la banda local y a dulzaineros que amenizaban el paso de las carrozas. Desde los años 50 y en adelante, fueron muchas las peñas y bandas de música, así como charangas procedentes de distintas localidades de la región cántabra, las que se unieron para dar vida al desfile de carrozas.
Es en 1984 cuando se produce un hecho destacable, la aparición y debut del Grupo de Majorettes de la Peña Los Formidables del Barrio Mallorca, pasando por sus filas cientos de chicas y chicos. Otro valor sin el que no podría entenderse hoy el paso de carrozas, es el tradicional cierre con la carroza dedicada a la Reina de San Mateo y sus damas de honor, aunque no fue hasta 1963 cuando se incorporó al desfile.
Existen dos formas de elegir el tema a desarrollar:
La más utilizada en las primeras décadas fue el confiar en la elección del tema a alguna persona con creatividad y experiencia contrastadas. En ocasiones estos proyectistas no pertenecían siquiera a las peñas, y solo eran requeridos para diseñar la carroza y hacer un seguimiento de las obras. Con esta organización tuvo gran importancia la Escuela de Aprendices de la Fábrica de Construcción Naval, gracias a su especial facilidad para el dibujo, se encargan del diseño de las carrozas y la transformación a escala de objetos.
La otra forma, más extendida, es la de poner en común posibles temas entre los integrantes de las peñas, entre los cuales se elige uno que representará ese año al grupo. Aún usando este método, es vital que una o varias personas lideren el proceso de diseño de las figuras y la colocación final del conjunto sobre la plataforma. A lo largo de la historia la temática preferida ha estado vinculada a la reproducción de hechos históricos, la representación de héroes de leyenda, protagonistas de ficción, mitología o referentes de las ciencias y las artes.
Desde los comienzos, el tamaño y el número de figuras que componían las carrozas estaban tremendamente condicionadas, ya que las escasas dimensiones de las plataformas disponibles, o el escaso tiempo de antelación con que se podía disponer de ellas, hacían inviables proyectos más pretenciosos. Este aspecto ha evolucionado desde los tiros animales hasta la actualidad, donde el municipio dota a las peñas de plataformas propias. A veces se hacían los desfiles sobre camiones, se camuflaba la cabina con la propia decoración o circulaban marcha atrás.
A finales de los 70 se empezaron a alquilar plataformas, pasaron de los 5-6 metros a los 12 metros de longitud. Como ya se ha comentado, el ayuntamiento llevó a cabo la construcción de un buen número de plataformas, suponiendo un punto de inflexión en la fabricación de las mismas permitiendo la creación de carrozas compactas y de gran presencia. En los últimos años, la creatividad de las peñas ha llevado a la representación de temas y configuración de plataformas salidos de la imaginación de los carrocistas, y que por ser inéditos y originales, han enriquecido notablemente el certamen.
El proceso tradicional de construcción de figuras en las carrozas de Reinosa constituye un trabajo artístico completo, en el que se aglutinan una combinación de disciplinas, como la escultura en metal, el modelado y tallado de yeso y la pintura.
Los elementos básicos utilizados en los primeros años, no como recurso auxiliar y decorativo, sino como materiales únicos y principales, fueron la madera, el papel y las flores. Solamente el proceso de sofisticación que alcanzaron las carrozas con los años, demandó un material más versátil. El yeso y la escayola, por ser manipulables y corregibles, se empezaron a utilizar más.
El yeso: el salto de calidad entre unos carrocistas más expertos y otros que no lo son se puede apreciar en la forma de realizar la talla. El yeso no es un material fácil debido a lo efímero de su textura al aplicarlo y su fragilidad a la hora de tallarlo. El último paso en el remate de las obras es el refinado final del yeso, al que no se le ha dado gran importancia, pero puede facilitar mucho el trabajo posterior de pintura y decoración de las esculturas. Otra técnica muy importante es la vestimenta a través de retales de saco con que se cubren las figuras.
Desde hace 15 años se ha empezado a introducir planchas de pladur, siendo una alternativa ideal para conseguir la perfección en figuras de carácter geométrico, aportando ligereza, ahorro de tiempo y un acabado inmejorable.
La pintura: una vez acabado el proceso de talla, es necesario realizar una imprimación de la superficie a pintar cuya función es que la pintura no se levante. Antaño se realizaba este proceso con cola rebajada con agua, actualmente las imprimaciones de purpurina han ido cobrando más importancia.
La pintura de una carroza debe atender dos premisas principales: mejorar el conjunto visualmente y respetar la talla previamente realizada. A día de hoy se usa principalmente la pintura mate, que permite alcanzar un mayor grado de realismo en las figuras humanas o en aquellas que no requieran brillo. La pintura acrílica fue muy usada antiguamente, esta aporta brillo y viveza de color, siendo ideal para objetos. Otro recurso utilizado esporádicamente, que consigue una textura de gran parecido a la piedra, es la pintura de superficies con arena. La pintura de una carroza debe destacar los volúmenes mediante claros en las partes sobresalientes y oscuros en las ocultas.
En la actualidad, la esencia de las carrozas sigue intacta, es decir, el hierro, el saco, el yeso y la pintura, aunque sí es cierto que en los últimos tres lustros la estampa de las obras ha cambiado considerablemente. La introducción de nuevos materiales y técnicas suponen un antes y un después en la tradición. Como ya hemos mencionado anteriormente, materiales como el porexpán, el poliuretano en plancha, el pladur o la pintura mate se han consolidado en el ferial. La iluminación también ha sido muy importante estos últimos años ya que el paso de baterías a generadores permitió aumentar la potencia lumínica y con ello la calidad del desfile nocturno.
Al igual que las carrozas, las peñas han sufrido una evolución y transformación a lo largo de los años, siendo desde las primeras décadas del siglo XX el auténtico refugio del ocio y el entretenimiento de los jóvenes a través de su conformación como círculos de recreo, con las carrozas como una actividad más, a diferencia de hoy en día donde la creación de la carroza es el eje central y fundamental sobre el que giran las peñas.
Cabe destacar la importancia que La Peña Bombay ha tenido a lo largo de los años puesto que ha sido la más laureada de la historia, consiguiendo seis victorias, destacando también su calidad, capacidad de trabajo simultáneo así como el reconocimiento de la pintura en las carrozas. Le siguen en el palmarés tres peñas separadas en el tiempo por muchos años, la Peña Cantabria, la Peña Tuttis y la Peña Cuines con cuatro victorias cada una.
La Peña Trastolillos batió en 2017 el récord de más participaciones con 17, en 2011 recibió un trofeo conmemorativo por la Asociación Kant-iber. La segunda peña con más participaciones ha sido la Peña Makookis con 13 en total, sin embargo, nunca han conseguido el triunfo, lo que se traduce en constancia y amor por la tradición.
Con el transcurso de los años y con la consolidación de las carrozas como tradición, las peñas optaron por contratar por encargo, bajo salario o por una parte proporcional del premio a personas de especial talento para la talla y la pintura, quienes realizaban los procesos más difíciles.
El trabajo de una carroza es absolutamente coral, en el que el grupo es un valor fundamental, y tiene tanta importancia el trabajo del más virtuoso tallador, el del compañero que improvisa un andamio o toldo, o el que se ofrece para preparar una mesa o la bebida que hidrate a toda la pandilla.
No tenemos menos claro, que en la historia de nuestra costumbre hay en cada peña un grupo reducido de personas, que por su especial dedicación, afición talento y entrega, lideran cada aspecto del proceso y llevan el peso y la responsabilidad de la creación, los carrocistas.
Históricamente la obtención de local para realizar el trabajo ha sido un gran caballo de batalla para las peñas. En los comienzos, la escasez de espacios diáfanos cubiertos, lo suficientemente grandes y disponibles durante un periodo de dos meses, aproximadamente, hacía obligatorio el uso de la imaginación, desde la cesión de locales a familiares, hasta el pago, por un muy módico precio, a propietarios privados. Cuando ninguna de estas dos opciones se daba debido a la precariedad de medios con la que contaban las peñas, se veían obligados a acondicionar huertas con toldos para poder realizar las carrozas en caso de mala climatología.
A comienzos de los años 80, debido a la notable necesidad de un espacio conjunto el Ayuntamiento de Reinosa concede la cesión de un edificio público, el Ferial para acoger a peñas y carrocistas.
Este espacio fue utilizado durante toda la década hasta que por motivos de seguridad debido a su mal mantenimiento y deterioro, se vieron obligados a volver a naves privadas hasta que en la primera década del siglo XXI y tras una reforma, las peñas pudieron volver a utilizar el recinto.
En 2011, el Consistorio afrontó un proyecto de adecentamiento del ferial, consolidando la estructura de la cubierta, eliminando el cilindro central y proporcionando un nuevo cierre perimetral ampliando así el portón de salida principal.
En 2017 se crea el mural más grande realizado en Cantabria, el proyecto ̈Galería Vertical¨ por Almudena Báscones, basado en el proceso carrocístico.
Desde el primer Jurado del que se tiene constancia, en 1944, han sido decenas las personas que han acometido la difícil decisión de elegir y valorar el trabajo de semanas de cada uno de los participantes para llegar a lo más alto. Una muestra de esta dificultad para decidir la encontramos en una crónica de 1947, que destaca la perplejidad del Jurado ante tanto arte de forma que si se cambiase el mismo cien veces, a buen seguro habría cien clasificaciones diferentes.
La composición del jurado ha cambiado a lo largo de la vigencia del concurso, aunque siempre ha sido propuesto y nombrado por la Comisión de fiestas. Ya en los 60 y durante unos años, las propias peñas formaban parte del jurado, una persona de cada peña participante en el concurso acompañaban a 5 miembros independientes.
La valoraciones del jurado se llevaban a cabo mediante observación directa del paso de las carrozas. El sistema tradicional de valoración según las bases del concurso, y el proceso de puntuación de los diferentes aspectos que llevan al fallo, será secreto, teniendo como calificación definitiva la media de las ordenaciones parciales.
La entrega de premios hasta los años 70 se realizaba sin público en el Salón de Plenos. Evento que, a mediados de los 80, pasó a realizarse en la Plaza del Ayuntamiento.
En 1989 la Comisión de fiestas del Ayuntamiento acordó la creación de un galardón especial que premiase la mejor figura de cada edición, destacando su elaboración, dificultad técnica e importancia dentro del conjunto, premio a la mejor figura. La propuesta quiso ser más ambiciosa, con el propósito de cada año, “salvar” obras relevantes y acometer en el futuro la creación de un museo permanente que permitiese mostrar nuestra tradición junto a un fondo fotográfico integral. Este premio nos ha dejado obras de gran nivel técnico y artístico que han permitido el deleite del público.
Desde el comienzo del concurso y hasta 1953, existía la llamada “Copa de Honor”, que premiaba a aquellas peñas ganadoras del concurso en dos ediciones consecutivas, o al menos, tres alternas. No fue hasta 2010 cuando, la Asociación Kant-iber, retomó este premio en la gala de presentación del libro ¨Arte sobre ruedas¨. También se reconoció el trabajo de las peñas que nunca llegaron a obtener la ¨Copa de Honor¨ al desaparecer durante 57 años. En total fueron 10 peñas las que recibieron el premio, a estas se le suman otras tres peñas que obtuvieron tal galardón en la última década.
En 2013 la Asociación Kant-iber también creó el Trofeo Emilia Saiz Hidalgo, un premio individual que asigna relevancia y reconocimiento al esfuerzo, talento y el arte continuado en el tiempo, premio que motiva a los carrocistas jóvenes a continuar con la tradición.
La Federación de Peñas otorga, desde 2017 y coincidiendo con la celebración del 75 aniversario, uno o varios premios a peñas que celebren su 25 o 30 aniversario ese año. Desde 2022, el trofeo pasa a llamarse «Trofeo José Manuel Marcos Bercedo».
El origen de esta popular fiesta de San Mateo es la feria de ganado de Reinosa. Muchos eran los que se acercaban para, en un principio, acudir a la feria y adquirir ganado de calidad, y de forma secundaria a las fiestas y los desfiles de carrozas.
A lo largo del tiempo esta práctica ha ido evolucionando y el desfile de carrozas ha cobrado gran importancia no solo para los reinosanos sino también para visitantes de toda España.
Acompañando las carrozas, bandas locales y dulzaineros amenizaban el paso de las carrozas en sus primeras ediciones, siendo sustituidas por las propias peñas, charangas de toda la región y bandas de música.
Actualmente, carrocistas y peñistas de todas las edades, pasan el verano diseñando y dando forma a sus carrozas, para, en esta señalada fecha, exhibir sus obras. La temática es elegida por los peñistas, que, poniendo en común posibles temas, acaban eligiendo el más interesante, divertido.
Las peñas han capitalizado gran parte de la vida social y festiva de Reinosa a lo largo de nuestra historia. Han sido siempre un auténtico refugio de ocio y entretenimiento de los jóvenes a través de su conformación como círculos de recreo y las carrozas eran una actividad más para ellas, a diferencia de hoy en día, donde la creación de la carroza es el eje central y fundamental sobre el que giran las peñas.
Desde el comienzo del concurso han sido un total de 156 peñas las que han participado. Donde solamente han sido trece peñas las que se han hecho acreedoras a la obtención de la Copa de Honor, Peña El Beneficio, Peña Juventud de Cantabria, Peña Rataplán, Peña Alegría, Peña Cantabria, Peña Bombay, Peña Kuntas, Peña Macabi, Peña Tuttis, Peña Ciego Fácil, Peña Cuines/Sierpes, Peña Kantabrujos y Peña Megües/Inflamables.
Destacamos la importancia de La Peña Bombay, la más laureada de la historia, consiguiendo seis victorias.
Le siguen en el palmarés tres peñas separadas en el tiempo por muchos años, la Peña Cantabria, la Peña Tuttis y la Peña Cuines con cuatro victorias cada una. La Peña Trastolillos batió en 2017 el récord de más participaciones con 17.
La segunda peña con más participaciones ha sido la Peña Makookis con 13 en total, sin embargo, nunca han conseguido el triunfo, lo que se traduce en constancia y amor por la tradición.
El trabajo de una carroza es absolutamente coral, en el que el grupo es un valor fundamental, y tiene tanta importancia el trabajo del más virtuoso tallador, el del compañero que improvisa un andamio o toldo, o el que se ofrece para preparar una mesa o la bebida que hidrate a toda la pandilla.
No tenemos menos claro, que en la historia de nuestra costumbre hay en cada peña un grupo reducido de personas, que por su especial dedicación, afición talento y entrega, lideran cada aspecto del proceso y llevan el peso y la responsabilidad de la creación, los carrocistas.